Amanecía. Más bien nos amanecía, porque el sol nos sorprendió aún bailando en Brillantin. Ya se sabe cuando sales de una discoteca a esas horas. Sabina decía que eran esas malditas horas que mezclan al borracho y al madrugador. De todo había. Aunque desde que decidí no practicar el arte de la cata, tengo la suerte de observar, más y con más claridad. Hoy fue de esos días en los que me paré a pensar. Curiosear como mientras unos pocos nos íbamos a dormir, la mayoría de la gente en la ciudad, arrancaba un nuevo día.
En Sofía, la mayoría de los comercios permanecen abiertos los domingos, no existe el típico cierre de dominguero de tiendas como en España. Así, el sonido de muchas persianas llamaba mi atención, dando comienzo a una nueva jornada laboral. Los taxistas hacían cola para llevar a cada mochuelo a su olivo. Los coches recorrían las calles, unos a casa, otros salían de casa. Y la gente de la calle... la gente de la calle seguía en la calle. Algunos aún dormían, como podían, en esos camastros que con tanta maña improvisan para resguardarse del relente que ya aprieta con el inicio de Septiembre. De entre ellos, los más madrugadores recogían cartones, botellas de cristal e incluso ropa usada de dentro de los continer. Todo un lujo de cosas para obtener unos beneficios a corto plazo que les den para la autosubsistencia más inmediata.
Y es en estos momentos cuando me detengo, y aunque seguía andando, mi mente ya se había ido. Pensaba en la experiencia que me contaba Antonio sobre su vida en Chad, o en las imágenes que vemos a diario en el tercer mundo. O sin ir más lejos, de la misma gente en muchos pueblos de España que ha perdido el trabajo y acude cada día a comedores sociales. Justo en ese instante... un Porche, un Ferrari, un Mercedes SLK... un Lamborgini...dinero que sobra, dinero sin valor... estacionados al final de la misma calle donde transita la persona que busca un trozo de pan.
No he recorrido el mundo, ni mucho menos. Ni se más ni menos que nadie. Ni mi experiencia es más empírica o menos que la de otro. Me gusta aclarar para evitar la crítica fácil. Pero SI he visitado muchas ciudades de Italia, París, Mónaco, Madrid o Barcelona, y creedme que nunca, he visto tanta desigualdad, tanto contraste...tan latente, tan palpable, tan ahí. Y cuesta, es duro mirar a la cara de esta gente, que apenas levanta su rostro, demacrado por el paso del tiempo y las condiciones de vida.
En el metro, un señor magnífico, dueño de una sonrisa imborrable a pesar del infortunio, ofrecía en venta algunas de sus pinturas. Realizadas con el instrumento más simple del mundo, un lápiz, pero con un talento y un amor que sólamente mirarlas, me transmitían mucho más que un Prado, un Tyssen o un Louvre si me apuráis. Así es lo que yo denomino, el a pie de calle, y de esta manera intento comportarme cuando ante mí tengo la oportunidad de creerme ser ese periodista de asfalto que no quise ser en su momento. Quizás lo que escribo no sirva de nada. Pero al menos, me gusta dejar constancia de que un día... yo reflexioné. Y ésto... a mí me basta.
¿Por qué no somos cualquiera de nosotros uno de ellos?. ¿Suerte? ¿Injusticia?. ¿Os cambiaríais una noche, solo una noche, por cualquiera de ellos?. Me surgieron tantas preguntas esta mañana... Me fascinan, me asombra mi mente, y el control sobre ella, porque en definitiva, es una inequívoca señal de que no vivo ciego.
Os escribo desde el parque frente de la Universidad. Hay un hermoso día casi primaveral. He conseguido un Wiffi y decidí que al mismo tiempo que daba a mi cara un poco de color podía contaros algo más de mis cosillas aquí. Como he dicho, anoche estuvimos en Brillantin. Es una discoteca con un ambiente excelente. Mucha seguridad dentro y fuera del local. Gente educada, tranquila, y sobretodo amantes de la buena música de los 80 y 90´s. Sonaba Cramberries, Michael Jackson e incluso Blondie, alternado con ese nuevo "Follow you" que no se de quien es pero menudo fajo de billetes debe estar embolsandose el autor. Vaya invento. Hago la canción del verano y me hecho 5 años a dormir. Que se lo digan a Giorgi Dance, que todavía sigue avivando las brasas de su "barbacoa". ¡Por suerte aquí nos hemos librado de eso!.
Justo ahora pasan delante de mí los aficionados del CSKA. Como siempre cantando, dando gritos, bebiendo, fumando e insultado al equipo rival. Lo típico. Es como un desfile militar de talentos, a cual mejor, que están deseando de llegar al estado para desembocar toda la adrenalina acumulada durante la semana. Es otra forma de antiestrés. "Venga vamos chavales, aide aide (vamos vamos). Suerte al CSKA y rapidito que tengo que seguir escribiendo". Seguro que no se podrían imaginar que en este momentos estoy hablando de ellos.
Volviendo a anoche, ya que parecen van avanzando los más razagados... me sentí arropado, me sentí cómodo. La gente aquí no es tan abierta como en España, sobretodo al principio. Igual en España nos pasamos de apertura. Aquí es más curioso. Ellos quieren conocerte, y cuando te conocen, cuando eres su amigo, nunca te fallan. Son gente de palabra, gente que te ayudan en lo que pueden, que te ofrecen sus cosas, y que se portan bien contigo. Quizás la sonrisa no es tan fácil como en nuestro pais, pero ¿sabéis qué?... que ésta, tiene mucho más valor.
Me voy a despedir porque el sol se ta yendo, y casi que con el sueño que tengo he de volver a casa. Me despido feliz. Un día más aquí. Echando de menos a mis padres, a mi hermano, a mi abuela, a mis primos, a mis tios, y a mis amigos. Pero un día más que sigo llevando el timón de mi vida. Un día más de defenderme en un idioma extraño, y un día más pudiendo contar las cosas que me llegan al corazón.
Vivir no es sólo existir,
sino existir y crear,
saber gozar y sufrir
y no dormir sin soñar.
Descansar, es empezar a morir.
Gregorio Marañón (médico y escritor español)
Muy bien escrito y muy verdadero.
ResponderEliminarmuchas gracias Svet Val.
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