Amanecí en Barajas. Con mucho sueño y una nostalgia extrema que nunca había experimentado. Esperaba para facturar mi equipaje y mi mente quería sacar el billete de vuelta a Córdoba. Te cuestionas a tí mismo si todo lo que haces merecerá la pena. Si todo ésto de dejar atrás a tus seres queridos algún día tendrá una recompensa. En esos momentos de poca lucidez, la negatividad apenas te sabe responder, y es entonces, y sólo entonces, cuando el verdadero yo que llevamos dentro, te da ese pequeño empujón que necesitas para continuar. Pero una vez más, vuelves a imaginarte sentado en el sofá de casa, viendo a tu lado a tus padres, hablando, cenando con ellos, visitando a tu abuela, a tus amigos, y tienes que volver a abrir los ojos y ver que te están esperando para embarcar... y es ese instante, cuando cruzas la puerta del avión, el último en el que puedes volver a decidir tu futuro... y entonces entras con el pie derecho, nervioso, esperando que quizás el vuelo se retrase para tener media hora más para decidirte. Sin embargo, ese día, todo engrana como un reloj, y tu vuelo despega. Y te alejas tan silencioso como una pluma, como si nada de lo que has sido estos días, lo fueras ahora. Y tienes que volver a empezar...
Por suerte no tenga queja. Me traigo todo el cariño del mundo, la amistad de mis amigos y muchos abrazos que me mantendrán muy lleno hasta la vuelta. Gracias al esfuerzo he conseguido un trabajo en una gran empresa en Sofía, y de momento, me gusta lo que hago y me siento orgulloso a diario de mis progresos. Quizás suene feo decirlo, pero esta vez... si señor, me lo he ganado.
Para un extranjero, recibir la simpatía y el aprecio de los demás supone cada momento un enorme regalo. Tengo que agradecer a mis jefes de mi anterior empresa la gran oportunidad que me dieron de poder empezar mi vida laboral en Bulgaria. No todo el mundo confía en un extranjero con un "chungo" nivel de inglés. Igualmente he dejado atrás unos compañeros excelentes y AMIGOS, con mayúsculas, que estoy seguro van a ser para toda la vida. Cuando fui a cobrar mi salario del mes anterior, recibí la felicitación de mi jefa, una mujer seria, segura de si misma y de pocas palabras, pero que tuvo para mí unas de las más hermosas que he oido hacia mi persona "eres fuerte, capaz de aprender rápido y adaptarte y estoy segura que te va a ir bien en tu nuevo lugar de trabajo". Eso, terminando con un "aquí siempre tendrás tu casa", cuando estás en un lugar que no es el tuyo, os lo aseguro, emociona. Me despidieron todos con un enorme abrazo que tampoco olvidaré y raro es el día que mi amigo Eduard no me escribe a la hora del almuerzo con un I miss you man - te echo de menos hombre.
Próximamente tengo sorpresas. Y es que uno tiene que aprovechar sus contactos para / con la familia, y dentro de unos días, otro baenense se dejará caer por Sofía para empezar una nueva vida aquí. A él y a Lola, aunque los veré muy pronto y estoy seguro que les va a ir muy bien les deseo desde mi blog toda la suerte del mundo.
Me despido, con una página con poco retórica, pero explicar las sensaciones de estos días... cuesta mucho.
La vida de cada hombre es un camino hacia sí mismo, el intento de un camino, el esbozo de un sendero.
Hermann Hesse

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