Tras el éxito rotundo, le pese a quien le pese, de mi anterior blog "La mish - mash de un expatriado", el cual queda archivado para consulta de todos. Hoy empiezo un nuevo proyecto personal, añadiendo "papas fritas" a mi vida diaria.
"Mi conciencia tiene para mí más peso que la opinión de todo el mundo". Cicerón

domingo, 26 de enero de 2014

"vinos y feelings"

Hay palabras escuetas y sencillas que sirven para condensar hoy en día lo que en antaño hubiera necesitado cuartillas enteras de buena caligrafía. La parquedad en el lenguaje y sus conceptos nos ha llevado a una exagerada comodidad a la hora de comunicarnos y expresar sentimientos y emociones que, por otro lado, nunca ha sido el fuerte del común de los mortales.

Y cuando encontramos una palabra que resume todo el concepto e incluya alguno más, la usamos tan felices y contentos sin pararnos a pensar en su significado profundo.

Hablo del dichoso “feeling” que hasta el más analfabeto en lenguas extranjeras cree saber lo que es. Feeling, del inglés to feel, significa ni más ni menos que “percepción, emoción”. Casi siempre refiriéndose al sentido del tacto en su origen, se amplió el concepto a cualquier percepción o emoción que pueda afectar tanto al cuerpo como al espíritu. Aquí la traducción más aproximada sería “sentimiento”.

Sin embargo, este concepto se ha deteriorado, de manera que terminamos por llamar “feeling” a la atracción física entre dos personas más allá de todo razonamiento. O al baile inconsciente de endorfinas que llevan directamente a la horizontal. O algo así.

¡Qué difícil lo tenían los muchachos de otras generaciones cuando querían saber si una muchacha les miraba con buenos ojos! A ver cómo le preguntas a una persona si le gustan tus ojos, si ha sentido el aleteo del corazón ante tu presencia, cómo haces para transmitir el palpitar incontrolado sin quedar como un tarugo…en fin…todas esas emociones que hombres y mujeres temen tanto expresar para, caso de no ser compartidas, no caer en el más absoluto de los ridículos.

Pues ahora se coge la calle de en medio y se pregunta: “Qué, ¿ha habido feeling?” y el otro ya sabe de qué va la cosa y tan sólo tiene que contestar sí o no. Qué triste, por todos los dioses. Al final acabaremos matando la emoción de mirarse a los ojos para decirlo todo sin palabras, dejaremos de lado, como obsoleta y pasada de moda, la trémula intención de mirar un poco más allá, un poco más profundo, un poco más intenso.

Personalmente doy un no rotundo a la negación de ese mágico instante. A la sensación tan infantil y estupenda que supone una mirada. Al calor de un vino conversado y al estímulo atroz que te hace olvidar el reloj. Así, para mí, será siempre una cita de verdad. Con alguien a quien mirar su alma me satisfaga tanto como el propio orgasmo... porque de esa, de esa única manera, estaré seguro de que aún, conservo la capacidad de amar. Y ésto... justamente ésto, tengo la suerte de estar sintiendo con la misteriosa persona que me acompaña en los últimos meses.

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