¿Os habéis planteado alguna vez que haría un taxista búlgaro cuando intentas decirle que en lugar de en levas le vas a pagar en euros a las cuatro de la madrugada de un miércoles?... No quise comprobarlo y con la misma rapidez que se presigna un cura loco, dije la palabra mágica: банкомат!!! - Cajero automático, y me apresuré a sacar unas levas para poder saldar la deuda. Con mi olvido de principiante comenzaba la aventura de mi tío Antonio en Sofía. A las 4 a.m. se plantó en los balcanes, tomó un taxi desde el aeropuerto, y yo, con más sueño que ganas de comer, ya lo estaba esperando con mi elástica del Barça en la esquina de casa, con todo preparado... todo menos las levas. Aunque no hay nada que no puedan solventar Josete y Carlitos.
Amaneció un jueves diferente. Es una sensación extraña tener compañia familiar en un pais tan lejano y tan desconocido como éste. Es como que no lo crees. Te has acostumbrado a no encontrarte a ningún conocido de tu época no expatriada, que te despiertas con toda la normalidad del mundo. Y es que más allá de la imagen clandestina que nos llega de los ciudadanos búlgaros, la foto en los libros de arte de la catedral Alexander Nevski y que su más reconocido paisano fue para nosotros Hristo Stoichock, pocas cosas más podemos imaginar de Bulgaria. Lo que hace, que a parte de los kilómetros, la mayoría no se plantee visitarme. Copiando un anuncio de TV... ERROR!!!. J. Cocteau dijo "la riqueza es una actitud innata de la mente, como la pobreza."
El jueves empezó de lujo. Tostadas de jamón, tomates búlgaros y aceite en la cocina de casa. Acompañadas de yogurt búlgaro. Jamón español envasado al vacio que gracias a Dios pasó todos los controles de seguridad del aeropuerto. Que esencia, que paladar, que deleite. Creo que las cucacharas ese día jugaron al Conde Lucanor, alimentándose únicamente de olores.
Antonio se veía ilusionado. No es ningún secreto que le encanta viajar, conocer nuevas culturas, y sobretodo practicar inglés. Así que le hice un pequeño mapa en un folio arrugado para que supiera llegar hasta la oficina de turismo más próxima, le di una palmadita en la espalda, un préstamo de levas al que no añadiría intereses y lo dejé disfrutar de Sofía. Estaba seguro que no se perdería. La Catedral, el Teatro, el Parlamento, La iglesia rusa... Todo unido a la posibilidad de practicar el cirílico que había estudiado en este mes previo al viaje.
Al llegar del trabajo lo encontré más ilusionado si cabe. "¡Me he recorrido todo muchacho!", "¡Como se come aquí por Dios"!. Hay aspectos de Sofía que pueden ser un KO, pero como dijo mi hermano "bonito kaos".
El viernes nos montamos en el bus. Pensando que en tres horas y media estaríamos exhalando playa. No eran cuatro horas, eran siete. Entono el mía culpa!!. Salimos de Sofía a las diez de la noche. Me sentía contento. En todo el verano había pisado la arena. Necesitaba unos días de charla en español con alguien de confianza, disfrutar del sol, y no pensar en nada más que no quemarme la espalda (me salió mal). El viaje transcurría bien. Florentino Pérez ha construido aquí una autovía de 400 km en línea recta que es un verdadero regalo para cualquier conductor. A las tres horas de viaje, cuando eran las 1 de la madrugada el autobús parecía detenerse... la pregunta era ¿dónde?... se desviaba hacia un inmenso vacío oscuro. Nos bajamos. Vaya sorpresa!!. El área de servicio se componía de una inmensa explanada, llana, como todo el viaje, dotada de dos retretes de feria sin mucha higiene y dos papeleras construidas a base de inmensas tuberias de hormigón. Fue impresionante... donde está el café? y el agua? y el bar?... El poder hacer tus necesidades con mayor o menor normalidad iba en proporción a la calidad de tu Smartphone... de hecho aquellos que aún se amarran a la vieja tecnología tenian que pedir algún mechero prestado para como mínimo poder desabrochar su bragueta. Apuntar con mayor o menor precisión ya era un lujo. Ante ésto, también surgen los momentos de risa, porque siempre hay alguien que entra en el baño creyendo que está en su casa, y se dispone a expulsar con una fuerza descumunal y de una sola tacada, todo el aire acumulado durante días. ¿Las consecuencias al salir?, quizás las miradas de los demás... pero claro... si aquello estaba tan oscuro... que daba igual quien te mirara que no podías verlo. Casi las dos de la madrugada, perdidos en mitad de la nada, ni una luz, ni un pueblo... pero eso sí... el mejor cielo estrellado que he podido ver en mi vida. No hay mal que por bien no venga. No obstante, a pesar de lo bonito de ver estrellas... por favor... pongan un bar!!!. Y por fin en Sozopol!!! .
Tras un buen desayuno el Sábado, tocaba recorrer la ciudad vieja de Sozopol. Casas de maderas, tiendas de souvenir, museos de historia y ropas búlgaras. Bares curiosos, gente curiosa. Se respiraba ambiente de mar, turismo en su más plena expresión. Una marea de gente abarrotaba las calles. De todas las nacionalidades. Cámara en mano para no perder detalle nos íbamos empapando de todo. Sorprendidos por la belleza de la ciudad, las vistas maravillosas de la costa. Asomándonos en cada rincón a lo que parecía ser un balcón al Mar Negro. Al mágico Black Sea. No pude resistirme a comerme una mazorca de maiz. Las adoro. Y por fin.. llegábamos al mar.
Poner tus pies en el Mar Negro es hacerlo en la historia. Al menos para mi era todo desconcierto. Estaba ante ese mar del que siempre hablan los libros de historia. Ese mar lejano que nunca imaginé vería. Y en ese momento me iba a bañar en él. Abrí los brazos, y respiré. Para muchos puede ser el gesto más estúpido del mundo, para mí significaba mucho. Significaba estar allí, significaba mis padres, mi familia, mis primillos, mis amigos, Luci, pero sobretodo significaba yo. Yo mismo le estaba diciendo al mundo que había podido llegar hasta allí. Hasta ese mar escondido. Así que abracé la inmensidad, y recordé que hace menos de un año apenas levantaba los brazos. Y de nuevo recordé y di gracias. En silencio como casi siempre. Gracias a aquellos que observan desde arriba. Los que siempre guían.
Miré hacia atras, y ahí estaba mi tío, tanto o más alucinado que yo. Incrédulo ante el pedazo de costa que tenía Bulgaría. La elegancia del mar, la arena fina, el sol y el calor. Estuvimos hablando en las tumbonas largo y tendido. Muchacho es un hombre interesante, sensible, cariñoso y luchador. Experto viajero y buen comilón. Alguien carismático de quien me gustó escuchar la mejor frase que he oído desde hace mucho tiempo... "me encanta mi trabajo". Creo que en ese momento no le respondí, pero si la anoté. Quizás ese es el objetivo de todos. Que bueno haberlo conseguido. Se lo merece. Nadie regala nada en este mundo. Él ahora tiene su familia, su piso, su coche y su buen empleo, pero también pataleó muchos lugares en Inglaterra para preparase a hablar un excelente inglés. Los jóvenes de ahora, en su mayoria, esperan ir a otro pais y disponer de 2000 euros cada mes para gastos múltiples, y eso si...sin machacarse mucho. Hay que cambiar el chip o nos comeremos una shit.
Me despido... dejando incompleto mi relato del fin de semana. Mañana os contaré alguna cosa más. Os animaré de algun forma a volar hasta aquí, y conocer in situ las diferencias culturales más arraigadas de los balcanes. Mientras tanto... como siempre, ser felices.
No hay comentarios:
Publicar un comentario