Tras el éxito rotundo, le pese a quien le pese, de mi anterior blog "La mish - mash de un expatriado", el cual queda archivado para consulta de todos. Hoy empiezo un nuevo proyecto personal, añadiendo "papas fritas" a mi vida diaria.
"Mi conciencia tiene para mí más peso que la opinión de todo el mundo". Cicerón

viernes, 16 de agosto de 2013

"el tiempo vuela, y yo con estos pelos"

El tiempo hace a veces de Usain Bolt. Quizás es la sensación de felicidad la que hace a un intervalo ser algo prácticamente inalcanzable entre nuestras manos. Llegué aqui el 24 de marzo, con mis chicos de Gladstone. Sin entender el idioma, sin conocer la ciudad. Cinco meses después me siento cómodo, agusto y feliz. Todo aquel que tacha al verbo expatriar como un arte justificado del bohemio, debería adquirir para sí mismo la aclaración de que existen las dificultdes intrísecas a todo cambio en la vida. Todo no es carretera y manta, ni mechero y fogón. Hay días duros, días en los que necesitas sacar lo mejor de tí para que la data no pueda contigo. Jornadas sin idioma. Astíos de soledad. Pero todos estos periodos no hacen sino fortalezar al ser humano, engrandecerlo como tal y demostrarle a sí mismo de lo que es capaz.
 
En la confianza de los amigos surgen las conversaciones más intensas. Me comentaba uno de ellos acerca de un problema con su pareja. Ya eran varias veces que me confiaba cosas personales, pero me hizo una pregunta que desde un principio ya tenía una respuesta fácil: ”¿A quién  hago caso? ¿A ella o a los demás?”.

Todos alguna vez nos hemos hecho esta pregunta en nuestra vida. En ocasiones las personas más cercanas a nosotros, como nuestros padres, por ejemplo, quieren que estudiemos una buena carrera, que seamos exitosos, y creen que estudiando algo que te dé mucho dinero, te proporcionará eso. Ellos piensan que tienen la razón, inclusive algunos fanáticos religiosos te hablarán con pasajes bíblicos sin tener opinión propia. Lo curioso es que éso puede que no nos haga felices

Lamentablemente en el mundo hay muchas personas infelices o no totalmente satisfechas consigo mismas, que no han podido lograr éxitos en sus vidas. Puede que tengan todo el dinero que cualquiera pudiese desear, pero el verdadero éxito se medirá en la forma en que equilibres y eleves paralelamente la satisfacción personal en todos los pilares de la vida. Hay que tener el control sobre esos pilares porque si uno de ellos está mal, los demás empiezan a contagiarse. Pensemos que esos pilares son columnas de una casa bien bonita. Si un pilar se va deteriorando hasta derrumbarse, toda la infraestructura se verá afectada.

Y con la pregunta de mi amigo, lo que respondí casi inmediatamente fue: ”No hagas caso a nadie solo a ti mismo." Si tu decisión coincide con ella, está bien; si tu decisión coincide con los demás, también está bien. Lo importante es que asumas la responsabilidad de tus decisiones por tu propia cuenta. No son las otras personas quienes quieren verte feliz, a ellos no les interesa.

Entonces me pregunté... ¿Sabemos decidir? Todos los días desde el momento que despiertas, tu mente empieza a llenarse de nuevos pensamientos, casi sin que te des cuenta ya estás pensando en algo nuevo, quizás en el problema del día anterior, quizás en el día aburrido que te espera, o quizás en lo bueno que quieres hacer ese día para que sea mejor. Pero detrás de todo eso siempre hay una vocecita en tu interior que quiere mejorar, que está luchando constantemente con la que no quiere mejorar y estancarse. Es por ello que surgen dilemas, pero ¿de dónde proviene esa vocecita que parece que te estropea el día con pensamientos negativos?

Decía un artículo que en nuestra niñez somos como una esponja que absorbía todo lo que percibía del exterior. Las experiencias han marcado muchos rasgos de nuestra personalidad que están ahora presentes en nosotros. Es muy probable que te hayas caído con un monopatín y te hayas partido un diente y que en esa etapa llorases, entonces acumulabas una experiencia más. Esa fue una experiencia física pero también hay experiencias emocionales.   

A nadar se aprende nadando, pero a tomar bien las decisiones no se aprende sólo tomando decisiones. Se aprende a decidir, cuando se interiorizan unos principios básicos. La aplicación de estos principios creará en nosotros un hábito que hará que en muchos casos podamos decidir casi intuitivamente. Decidir bien cada vez nos será más fácil, y estaremos muy prontos a corregir los errores y a aprender de ellos. Por el contrario, cuando no seguimos esos principios básicos de la toma de decisiones, sólo podemos aspirar a decidir y esperar a ver que pasa. Dejaremos la solución de los problemas al cuidado de la suerte. Cuando nos salgan las cosas bien, nos atribuiremos el éxito, pensando erróneamente que el hecho de que el resultado haya sido favorable es prueba de que hemos decidido bien, descartando  la existencia del azar. Por el contrario, cuando nos salgan las cosa mal, estaremos perplejos y sin saber por qué ha sido así.

Pero si nuestra buena es únicamente a causa de la fortuna favorable ¿qué estamos aportando?. La suerte es quien nos dirige y no nosotros, y que la suerte dirija es muy peligroso, pues ésta juega unas veces a favor y otras en contra.


No conté a mi amigo que yo también me he enfrentado a un caso de indecisión. No en mi mismo, pero si que me afectaba de cerca. No quise compartirlo por aquello de que uno debe saber solventar sus propios atascos, y es que nunca conocí en mis treinta años de existencia un caso de mente tan bipolar como éste. Un sin sentido continuo que deja KO a cualquiera... a cualquiera que no sepa decidir por sí mismo. A mi me tocó, pero como en el juego de los barquitos sólo fue un tocado... de ahí al hundimiento hay mucho trecho. Antes de salir a la calle, antes de peinarnos, antes de comprarnos zapatos nuevos, bolsos de piel del último modelo, acudir a la peluquería semanalmente y pintarnos y maquillarnos, debemos ordenar nuestra mente... y sobretodo... aprender a DECIDIR. "Algunas veces hay que decidirse entre una cosa a la que se está acostumbrado y otra que nos gustaría conocer." Paulo Coelho.

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