Esta loca que nos distrae con su alboroto y nos disipa con su algarabía; que nos comunica sus variados temores y nos turba con sus aprensiones, que nos susurra al oído sospechas infundadas, que nos tiraniza con sus ambiciones y nos muerde con su envidia; esta loca que nos hace salir de la realidad con fantásticos ensueños, llenos de euforia o de pesimismo, y que nos instila suavemente el veneno de la sensualidad y del amor propio: esta loca –lo sabemos por experiencia– es, a veces, la gran enemiga del mundo.
¿Quién no siente la necesidad sentir?, ¿Quién no quiere para él el suplicio del deseo?, ¿Quién reusa el beso? ¿Quién se niega a abrazar?, o simplemente...envidia soñar sin dormir. ¿Quién no ha vivido acompañado de fantasmas creados por su propia mente?. Fantasmas que la fantasía reviste de colores vivaces, atribuyéndoles manos anchísimas y temerosas, y piernas ágiles y veloces. Los mismos, que ahora, te persiguen.
La mayoría de las ocasiones basamos nuestra vida en conseguir la armonía. "Mente sana, cuerpo sano" que decían los griegos, ese equilibrio añorado, ese semblante sin fisuras... Y nos esforzamos en ello hasta tal punto, que apenas difuminamos la realidad.
¿Está todo predestinado... o tenemos la oportunidad? ... Esa es la pregunta que hacías. Nunca la irrefutable respuesta de nadie, pero yo, personalmente, elijo ser el artesano de mi propia vida... porque, únicamente, con el hecho de hacerla cada día, tendré el aliciente suficiente para no aburrirme nunca. ¿Tú?... no sé que decirte... tu responsabilidad y tu creencia en lo predestinado, a veces, muestran ante tí el más oscuro miedo al cambio, al conocimiento... De esta manera, garantizas tu felicidad... a la vez que la hipotecas a una pregunta permanente... ¿qué pudo haber sido?... y no fue...
Besa el aura que gime blandamente
las leves ondas que jugando riza;
el sol besa a la nube en occidente
y de púrpura y oro la matiza;
la llama en derredor del tronco ardiente
por besar a otra llama se desliza;
y hasta el sauce, inclinándose a su peso,
al río que le besa, vuelve un beso.
las leves ondas que jugando riza;
el sol besa a la nube en occidente
y de púrpura y oro la matiza;
la llama en derredor del tronco ardiente
por besar a otra llama se desliza;
y hasta el sauce, inclinándose a su peso,
al río que le besa, vuelve un beso.
Gustavo A. Bécquer
Cuando se copia a alguien, hay que citarlo.
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